84 Charing Cross Road (1987) reseña de la película

La historia comienza en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Londres todavía estaba plagada de racionamiento de alimentos y plagada de cråteres de bombas.

Una mujer de Nueva York (Anne Bancroft), que ama los libros pero no puede pagar libros caros, ve un anuncio en Saturday Review de una librería de Londres. Ella les envía su lista de deseos y pronto estå encantada de recibir un paquete de libros usados, ediciones de buena lectura, económicas. Ella comienza una correspondencia con el librero (Anthony Hopkins), y así comienza una relación que dura años sin que las dos personas se conozcan.

No hay mucho drama en esta historia. La mayor parte de la acciĂłn tiene lugar en la oficina de correos. El director David Jones estĂĄ haciendo lo que puede. Su pelĂ­cula anterior fue «Betrayal» de Harold Pinter, una historia de amor contada al revĂ©s, comenzando con la triste conclusiĂłn y terminando con el primer beso de los amantes. Ahora tiene una historia de amor en la que los amantes no se encuentran. ÂżQuĂ© puede esperar a continuaciĂłn: autoerotismo? Bancroft envĂ­a paquetes de jamĂłn a la Inglaterra de la posguerra. Hopkins envĂ­a valiosas ediciones de Boswell, Chesterton y el cardenal Newman (“Querido John Henry”, lo llama Bancroft). Bancroft lleva una vida solitaria en un apartamento de Nueva York. Hopkins vive un matrimonio silencioso en un suburbio de Londres. DespuĂ©s de muchos años, Hopkins muere, luego Bancroft finalmente viaja a Londres y visita la librerĂ­a ahora vacĂ­a.

Suspiro. La señorita Fiske, a quien recordarå del primer pårrafo de esta reseña, era la bibliotecaria de la biblioteca gratuita Urbana cuando yo era joven. Ella me inculcó tal amor por los libros que siempre busco en las librerías de segunda mano las aventuras de Melody Family, de Elizabeth Enright; estos son los primeros «libros reales» que he leído. La señorita Fiske dirigía el club de lectura, los espectåculos de marionetas de los såbados por la mañana, las ferias del libro y la lectura de cuentos. Ella nunca tuvo que hablarme sobre el amor por los libros porque simplemente lo inhaló y yo lo absorbí.

A ella le hubiera encantado esta película. Sentado a su lado, supongo que a mí también me hubiera encantado. Pero la señorita Fiske se ha ido ahora, y lo encontré bastante lento por mi cuenta. Y ademås, la señorita Fiske tenía una aguda inteligencia crítica, y sospecho que después de ver esta película, habría asentido y dicho que le gustaba, pero podría haber agregado: «¿Por qué este idiota? ¿No se subió al barco? e ir a Londres hace 10 años y guardar todos esos gastos de envío? «

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