Antes de que el diablo sepa que est√°s muerto (2007) rese√Īa de la pel√≠cula

Andy sugiere que resuelvan sus problemas robando una joyer√≠a. Y no cualquier joyer√≠a, sino desc√ļbrelo por ti mismo. Defini√≥ todo como un crimen sin v√≠ctimas: no usar√°n armas, atacar√°n temprano el s√°bado cuando el centro comercial no tenga clientes, las p√©rdidas en las tiendas estar√°n cubiertas por el seguro, etc. Suena bien en papel, antes de que todo salga mal. Y ah√≠ es cuando la pel√≠cula se vuelve intensa y emocionalmente devastadora.

Estos dos hermanos son capaces de sentir emociones raras en las pel√≠culas de detectives modernas: dolor y remordimiento. Se rinden a rega√Īadientes. Y todav√≠a necesitan el dinero; Andy aprende que cuando se te rompe el coraz√≥n, ya es bastante malo, pero a√ļn peor cuando las piernas tambi√©n pueden romperse. Mientras tanto, su padre dormido (Albert Finney) comienza a investigar el caso √©l mismo, lo que lleva a una conversaci√≥n con un hijo que Eugene O’Neill no podr√≠a haber escrito mejor.

La película establece completamente las familias involucradas. Finney ha estado casada desde siempre con Rosemary Harris y todavía la ama en pedazos. Hoffman está casado con Marisa Tomei, quien sigue volviéndose más sexy a medida que envejece muy lentamente. Hawke está divorciado de Amy Ryan, quien con mucho gusto lo vería en la cárcel por no pagar la manutención de los hijos. Aunque la película comienza con Hoffman y Tomei haciendo el amor extáticamente en Río (di lo que quieras sobre el grandullón, Hoffman parece ser un amante enérgico y capaz), su matrimonio está lejos de ser perfecto.

Los japoneses nombran tesoros vivientes a algunos de sus artistas. Sidney Lumet es uno de nosotros. Hizo más películas geniales que la mayoría de los directores, y encontró el tiempo para hacer algunas tonterías. Aquí toma una historia que, después de todo, es bastante sencilla y la cuenta con un estilo ingenioso que podríamos llamar interrupción narrativa. La brillante primera historia de Kelly Masterson nos lleva a un punto, luego regresa a antes de ese punto, luego nos alcanza de nuevo, luego retrocede, de modo que recrea meticulosamente lo mal que salió mal ese crimen perfecto, dramática e inevitablemente.

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