Que de Series Peliculas California Split (1974) reseña de la película

California Split (1974) reseña de la película

Pero hay momentos que adquieren significados mĂĄs oscuros. En un momento, por ejemplo, al borde de un sueño destrozado, borracho, derrotado, Bill y Charlie se aferran desesperadamente a una barra y apostaron muy seriamente por los nombres de los Siete Enanitos (ÂżHabĂ­a Droopy … Sleepy … Dumbo? ). Y en otro momento, arrinconados con sus ganancias en otro estacionamiento por otro asaltante, Ă©ste armado, entregan la mitad de sus ganancias y le apuestan que es todo lo que tienen.

Lo toma y corre; ganan; podrían haber sido asesinados pero su instinto como jugador los obligó a intentarlo. Al final de «California Split», nos damos cuenta de que Altman ha hecho mucho mås que una comedia sobre el juego; nos llevó a una pesadilla estadounidense, y todos los que conocimos en el camino se sintieron genuinos y parecían reales. Esta película sabe a aire acondicionado rancio en la boca, y no importa la hora que parezca, siempre son las cinco de la mañana en un casino de segunda categoría.

Como siempre, Altman llena su pelĂ­cula con papeles secundarios extravagantes: personas que se han convertido en caricaturas de sĂ­ mismos. En el juego de pĂłquer privado, Segal se para en la barra, examina la mesa y describe con calma a cada jugador. Tiene razĂłn sobre ellos, aunque Ă©l (y nosotros) nunca los habĂ­amos visto antes. Sabemos que tiene razĂłn porque esta gente lleva su estilo y su destino en la cara.

TambiĂ©n las perras (jugadas con una especie de Ann Prentiss y Gwen Welles, sana y picante). Lo mismo ocurre con “Helen Brown”, uno de sus clientes que es un hombre de mediana edad que disfruta tanto como le aterrorizan los policĂ­as (inspirando una escena de verdadera tragicomedia). Las pelĂ­culas de Altman siempre parecen llenas, de una forma u otra; uno no tiene la impresiĂłn de una pantalla vacĂ­a en la que se introducen personajes cuidadosamente dibujados, sino de una cĂĄmara que se sumerge en un mar burbujeante de actividad humana desenfrenada.

Lo que ofrece Altman es a veces casi una sensaciĂłn documental; al final de «California Split» sabemos algo sobre el juego organizado en este paĂ­s que no sabĂ­amos antes. Sus pelĂ­culas siempre parecen perfectamente en casa donde sea que estĂ©n, pero esta vez hay un sentido de pertenencia casi palpable. Y Altman nunca ha tenido un control tan firme de su estilo. Tiene uno de los pocos estilos visuales verdaderamente individuales entre los directores estadounidenses contemporĂĄneos; siempre vemos que es una pelĂ­cula de Altman. Él basa sus estrategias visuales en una banda sonora increĂ­blemente atenta, utilizando los ruidos de fondo con especial cuidado para que nuestros oĂ­dos nos digan que nos estamos moviendo a travĂ©s de estas personas, en lugar de hablarnos. «California Split» es una gran pelĂ­cula y tambiĂ©n una gran experiencia; fuimos con Bill y Charlie.

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