CrĂ­tica de la pelĂ­cula El exorcismo de Dios (2022)

DespuĂ©s de esta escena fundamental, la pelĂ­cula avanza 18 años despuĂ©s, y el padre Peter Williams aĂșn vive en MĂ©xico, donde continĂșa con su labor humanitaria. Su rebaño lo considera santo, quizĂĄs incluso mĂĄgico. El Vaticano lo trata como una estrella brillante, el futuro de la Iglesia. Abriga una sombra oscura, y el exorcismo que construyĂł su reputaciĂłn lo persigue. A medida que una enfermedad demonĂ­aca se propaga por la aldea y se cobra la vida de niños pequeños, se ve arrastrado de regreso al reino de los diablos y los demonios.

No hay duda desde el comienzo de esta pelĂ­cula seria del director y coguionista Alejandro Hidalgo de que estamos operando dentro del ĂĄmbito del melodrama de alto riesgo. La cinematografĂ­a gĂłtica y en blanco y negro de la pelĂ­cula nos aleja del encuadre naturalista a medida que los verdaderos y terribles eventos de esa primera noche se retiran lentamente, revelando un crimen imperdonable. MĂĄs bien solemne y sin sentido del humor, el padre Peter Williams va mĂĄs allĂĄ para deshacer su pecado. Teme que el diablo que lo poseyĂł esa noche todavĂ­a se estĂ© filtrando en su mente subconsciente. Por la noche, lo persiguen terribles visiones, incluido un JesĂșs hundido y magullado, que aterroriza sus pesadillas.

Las pesadillas se vuelven mås intensas a medida que el padre Peter se ve asaltado por mås y mås dudas. Una misteriosa mujer poseída, Silvia (Raquel Rojas) parece ser la fuente de la enfermedad desconocida que azota al pueblo. El padre Peter, a regañadientes, cree que necesita un exorcismo. Aquí, recluta a un viejo amigo, el padre Michael Lewis (un encantador Joseph Marcell), ya que no confía en sí mismo para realizar el acto por su cuenta.

La pelĂ­cula continĂșa una vez que llega el padre Michael cuando el tono sombrĂ­o se inyecta con mĂĄs comedia. Si bien muchos (si no la mayorĂ­a) de los actores son bastante rĂ­gidos, Joseph Marcell abraza el espĂ­ritu de la pelĂ­cula con agallas. Cada lĂ­nea que lee es una delicia, y logra el campamento alto de frases ingeniosas como «Mescal, la mejor agua bendita que he probado en mucho tiempo», y escenas mĂĄs serias con el mismo compromiso. MĂĄs que nadie, parece captar el carĂĄcter distintivo de la pelĂ­cula: en parte una inquisiciĂłn sobre la naturaleza de la tentaciĂłn, en parte una teatralidad empalagosa.

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