Crítica de la película Las madres paralelas (2021)

Cruz interpreta a Janis, una fotógrafa consumada que vive en Madrid. A punto de cumplir 40 años, queda embarazada de un romance que tiene con Arturo (Israel Elejalde), un arqueólogo forense guapo y encantador. Da a luz el mismo día que otra madre soltera, Ana, de 17 años (la llamativa Milena Smit), su compañera de habitación en el hospital. Desde esas primeras conversaciones cariñosas, las dos mujeres se encuentran conectadas de múltiples formas inesperadas durante uno de los momentos más vulnerables y emocionantes de sus vidas. Comparten toda la euforia y el agotamiento y más. Para dar más detalles, estropee los muchos giros que da Almodóvar en “Madres paralelas”, pero basta con decir que son chiflados.

Pero si bien los huesos de su guión pueden parecer jabonosos, y la partitura propulsora y pesada de su frecuente compositor, el brillante Alberto Iglesias, a veces incluso recuerda a una película de terror, «Parallel Mothers» nunca se vuelve loca en el campo. . Cruz es radiante y terrenal, sexy y divertida como Janis, y debido a que es tan talentosa y tan completamente en la onda de Almodóvar, mantiene una conexión emocional con la audiencia a través de todos los altibajos extremos de su personaje. Mientras tanto, Smit brilla de manera discreta en un papel más discreto y disfruta de una conexión brillante con Cruz en varios niveles. Ana no está tan emocionada por convertirse en madre como Janis, pero sus instintos maternales evolucionan de una manera cálida y desgarradora. “Todo saldrá bien”, le dice Janis temprano y con frecuencia a Ana, y ese brillante optimismo se extiende a todos los elementos de su vida, incluido su guardarropa y decoración. El tono rojo vibrante que vemos en todas partes, desde su chaqueta de punto y su bolso de cámara hasta su cochecito y Baby Bjorn, es una marca tan de Almodóvar que deberían nombrar un esmalte de uñas con su nombre. (Varios de los colaboradores de toda la vida del director regresan para darle a «Parallel Mothers» su aspecto elegante y dramático, incluido el diseñador de producción Antxón Gómez y el director de fotografía José Luis Alcaine).

Pero no sería una película de Almodóvar si uno de sus actores favoritos, Rossy de Palma (“Mujeres al borde del ataque de nervios”, “¡Átame! ¡Átame!”), No apareciera. Aquí, interpreta a la mejor amiga de Janis, Elena, que se sumerge en su habitación del hospital con una gabardina a cuadros en tecnicolor, ofreciendo generosamente apoyo y consejos pragmáticos. En el otro extremo del espectro está la madre de Ana, Teresa (Aitana Sánchez-Gijón), una actriz narcisista que solo se ilumina de verdad cuando habla de sus actuaciones en una audición (aunque su evolución es una de las muchas revelaciones de la película).

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