Death of a Nation (2018) reseña de la película

La pelĂ­cula que sigue es el guiso habitual de D’Souza de hechos cuidadosamente seleccionados, omisiones flagrantes, concursos estĂșpidos, calumnias, insinuaciones, cosas de sus pelĂ­culas anteriores, fotos de Ă©l, caminando pensativamente por ĂĄreas vacĂ­as y fragmentos de otras y mejores pelĂ­culas. Tal vez dĂĄndose cuenta de que hizo lo imposible al atribuir la guerra civil y la esclavitud a los demĂłcratas, D’Souza se expande aquĂ­ para hablar sobre la influencia que tuvo el Partido DemĂłcrata en un aspirante a joven austriaco llamado Adolf Hitler, quien, segĂșn esta pelĂ­cula, aprendiĂł todo lo que sabĂ­a. sobre el genocidio, directamente de los demĂłcratas de Jackson. En Estados Unidos, todo esto fue celebrado por progresistas y demĂłcratas, especialmente porque el verdadero objetivo de Hitler era la erradicaciĂłn del cristianismo, y continuarĂ­an celebrando sus creencias despuĂ©s de la guerra de varias maneras, desde el apoyo hasta el derecho al aborto (resulta que Mengele actuĂł ilegalmente abortos en AmĂ©rica del Sur despuĂ©s de escapar de Alemania) a los derechos de los homosexuales (aparentemente la mayorĂ­a de los nazis eran homosexuales). «Lea la plataforma nazi en la convenciĂłn demĂłcrata y lo mĂĄs probable es que reciba un aplauso atronador», entona D’Souza, en caso de que alguien no se haya dado cuenta todavĂ­a.

“EstĂĄ bien”, podrĂ­a preguntar, “pero ÂżquĂ© pasa con algo como el horror de Charlottesville? Bueno, a diferencia de Trump, que intentĂł el argumento «bilateral», D’Souza una vez mĂĄs culpa completamente a los progresistas y demĂłcratas. ÂżCĂłmo se las arregla para equilibrar eso? Entrevista al nacionalista blanco Richard Spencer y le da vueltas hasta que Spencer afirma que cree que tiene una «filosofĂ­a blanca de Malcolm X» y que «supongo que soy un progresista». Cuando trata de hablar con Jason Kessler, el organizador de la manifestaciĂłn de Charlottesville, de quien dice ser un empleado de CNN, un partidario de Obama y miembro del movimiento Occupy (acusaciones que han sido desacreditadas), no obtiene un carga de abuso racista. En voz en off, D’Souza sonrĂ­e: «Parece que todavĂ­a forma parte del movimiento Occupy». Mientras tanto, «Trump es un patriota que agita una bandera y aprecia a los fundadores estadounidenses» que intenta gobernar el paĂ­s a pesar de los esfuerzos del Estado Profundo para echarlo de su cargo sin ningĂșn motivo. (No hace falta decir que los innumerables escĂĄndalos que rodean a la administraciĂłn ni siquiera se mencionan aquĂ­).

Tan malo como “Death of a Nation” falla como la historia, es aĂșn peor cuando se juzga en tĂ©rminos cinematogrĂĄficos; Ă©l y el codirector Bruce Schooley realmente han ido mĂĄs allĂĄ aquĂ­, si esa es exactamente la frase correcta para describirlo. Todo se combina con el tipo de estilo y estilo que apenas se verĂ­a en YouTube, los concursos son notablemente sin vida (con los actores que interpretan a Lincoln y Hitler posando tan mal que apenas parecen capaces de dirigir pedidos de almuerzo, y mucho menos naciones), y se retrasa tanto que se siente como si estuviera cubriendo mĂĄs de 200 años de historia en tiempo real. Las partes mĂĄs incompetentes de la pelĂ­cula son las entrevistas que a veces realiza D’Souza. En su mayor parte, fueron filmadas y editadas de una manera tan desordenada que da la extraña sensaciĂłn de que Ă©l y su sujeto nunca estuvieron juntos en la misma habitaciĂłn o que los hilos se editaron salvajemente en un momento dado. (La Ășnica entrevista en la que sientes que se captura una conversaciĂłn real es cuando D’Souza pasa varios minutos prĂĄcticamente burlĂĄndose del activista de derecha caĂ­do en desgracia y director del Proyecto Veritas, James O’Keefe).

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