Down and Out in Beverly Hills (1986) reseña de la película

Dreyfuss aguanta casi cualquier cosa, porque realmente ama a este tipo, y lo mejor que Nolte tiene sobre ellos es la amenaza de irse. Mazursky aprovecha al mĂĄximo esta paradoja y poco a poco vemos emerger el tema enterrado de la pelĂ­cula, y ese es el poder de la amistad. Lo que realmente les faltaba a estas personas, ricas y pobres, cuerdas y tontas, era el poder de amar verdaderamente a los demĂĄs.

La pelĂ­cula deberĂ­a recibir algĂșn tipo de premio por su casting. Dreyfuss, que ha sido tan bueno en el pasado como un superintendente hiperactivo, logra aquĂ­ desviar ligeramente esa energĂ­a. Tiene Ă©xito, pero estĂĄ asombrado por ello, como si no creyera del todo por quĂ© deberĂ­a recibir una gran riqueza por hacer tan poco. Canaliza su energĂ­a, no hacia el trabajo, sino hacia el entusiasmo, y Nolte se convierte en su mayor entusiasmo.

Para Bette Midler, Barbara Whiteman es el personaje perfecto, lleno de las distracciones de vivir a la altura de su nivel de consumo.

Nolte tiene, en cierto modo, el papel mås sutil que desempeñar, aunque cuando lo vemos por primera vez parece el mås amplio. Su vagabundo inerte debe transformarse en un hombre que comprende a sus anfitriones tan profundamente que puede tocarlos como un piano.

Los papeles secundarios estĂĄn tan llenos, uno tras otro, que uno casi tiene la impresiĂłn de reconocer a los personajes antes de que se presenten.

Y Mike, el perro, deberĂ­a tener un paseo honorĂ­fico en los Oscar.

QuizĂĄs hice la pelĂ­cula demasiado seria. Mazursky tiene una forma de hacer comedias mĂĄs inteligente y relevante que la mayorĂ­a de las pelĂ­culas serias del momento; su Ășltimo crĂ©dito, por ejemplo, fue el desafĂ­o «MoscĂș sobre el Hudson». AsĂ­ que permĂ­tanme decir que «Down and Out in Beverly Hills» me hizo reĂ­r mĂĄs y mĂĄs fuerte que cualquier pelĂ­cula que haya visto en mucho tiempo.

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