En la rese√Īa de la pel√≠cula Jackson Heights (2015)

Mire ¬ęIn Jackson Heights¬Ľ y observe c√≥mo se transmite de un lugar a otro. Sus c√°maras podr√≠an ser esp√≠ritus que pueden desaparecer y reaparecer en incrementos. Nous sommes dans un endroit, nous y restons un certain temps, nous √©coutons les d√©fenseurs du quartier parler d’une crise locative ou d’un groupe de d√©fense des droits des immigrants qui racontent des histoires sur les dangers de faire venir des parents du Mexique En los Estados Unidos. Y luego nos vamos. Salimos dejando el edificio y par√°ndonos en la calle. Luego nos movemos a otra calle. Quiz√°s estemos mirando un letrero en la calle o el exterior de otra tienda, o un restaurante debajo de un tramo de v√≠as de tren elevadas, o la puerta de entrada de una casa en una calle residencial arbolada. Y luego estamos adentro para conocer gente nueva, escuchar nuevas historias, vivir vidas diferentes.

Pero todos tienen la misma vida, en cierto modo, porque todos están vivos en este momento (la película se filmó en el verano de 2014 y termina con el espectáculo de fuegos artificiales del 4 de julio) y porque si son todos estadounidenses o viviendo en los Estados Unidos, o porque son solo personas, y solo viven, y a menudo solo viven. En ocasiones, Wiseman ha sido criticado como un director frío o incluso como un misántropo; Nunca lo he visto en sus películas, pero es un golpe para él.

En cualquier caso, ¬ęIn Jackson Heights¬Ľ es la refutaci√≥n m√°s vibrante de la acusaci√≥n que he visto, y he visto muchas pel√≠culas de Wiseman. Cada cuadro parece encantado con la gente, encantado con las ciudades, los barrios, encantado con la vida misma. Es c√°lido y cari√Īoso. Se preocupa por cada persona, cada historia que pasa frente a la lente de la c√°mara, y las pistas de historias contenidas en primeros planos fugaces de ancianas escuchando a m√ļsicos callejeros y ancianos sentados en los bancos del parque. Y empleados de la ciudad que asesoran a los electores. y trabajadores de restaurantes. el d√≠a. Hay una sutil gratitud por la forma en que Wiseman y sus editores de sonido entretejen los sonidos de la ciudad (el tintineo del helado del Sr. Softee, por ejemplo) a lo largo de la pel√≠cula, conectando un lugar a otro, una vida a otra, como para afirmar que no importa si eres negro, blanco, moreno, irland√©s, italiano, mexicano, dominicano, jud√≠o, musulm√°n, hombre, mujer, heterosexual, gay, bisexual, transg√©nero, adulto, menor, cualquiera, lo que sea, es el misma vida, la √ļnica diferencia es en qu√© rinc√≥n vivimos, qu√© parte de √©l vemos.

A pesar de su ret√≥rica sobre la ciudadan√≠a y lo que significa ser un neoyorquino y un ciudadano estadounidense, ¬ęIn Jackson Heights¬Ľ es menos patri√≥tico que humanista. Est√° feliz de estar vivo y feliz de que los dem√°s tambi√©n lo est√©n.

‚ÄúFui feliz hasta que muri√≥ mi esposo‚ÄĚ, dice una mujer muy anciana en una casa de retiro. ¬ęYa no hay nadie en mi familia, nadie, y si lo hay, no los conozco¬Ľ.

Otra anciana toma nota de su edad y luego le pregunta: ¬ę¬ŅCu√°l es tu secreto?¬Ľ

‚ÄúSi averiguo qu√© es‚ÄĚ, responde ella, ‚Äúte lo dir√©.

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