Goin ‘Down the Road (1971) reseña de la pelĂ­cula

El logro especial de la película es su tratamiento de los personajes y de la ciudad misma con una ponderación absolutamente no sentimental. Cuenta una historia que contiene alegría, tontería, amor y desesperación. Pero estas cosas siguen siendo orgånicas para la historia; la película en sí misma solo pretende ser un récord. Shebib logra una objetividad documental que nos conmueve mås profundamente que las lågrimas.

No sĂ© si lo dije con suficiente claridad. Lo que quiero decir es que «Goin ‘Down the Road» no vacila. Demasiadas pelĂ­culas sobre los jĂłvenes de hoy delatan una necesidad desesperada por parte de sus directores de ser aceptadas por el pĂșblico joven. «Fools» es el ejemplo mĂĄs extremo: una pelĂ­cula tan obsesionada con lo «contemporĂĄneo» que se empantana en la autoparodia. Shebib, que tiene 28 años y dirigiĂł “Goin ‘Down the Road” con alrededor de $ 80,000, la mayorĂ­a prestados, no muestra sus credenciales para demostrar que estĂĄ conectado. Simplemente continĂșa su historia.

Le ayudan mucho sus dos actores principales, Paul Bradley y Doug McGrath (quienes compartieron el premio al Mejor Actor de Canadå en 1970, mientras que la película fue nombrada Mejor en Canadå del Año). Interpretan a jóvenes heterosexuales de las Marítimas, que conducen a Toronto en un viejo Chevrolet estropeado con llamas pintadas a los lados. No son modernos, radicales o incluso, como podría pensar al principio, engrasadores. Estån en Toronto para la acción.

Encuentran trabajo en una planta embotelladora y salen a la calle los sĂĄbados por la noche con el cheque en el bolsillo. Y se topan con la soledad de cualquier gran ciudad. Chicas guapas que parecen inalcanzables. Muchos otros chicos con citas, pero no es asĂ­. Tiempo libre. Para beber y perder el tiempo. Fascinante con la chica de oficina de la fĂĄbrica, la de las grandes aldabas que se supone que debe estar atascada y no saldrĂĄ con ninguno de los chicos. E incluso tener una cita con ella y sentirse aĂșn mĂĄs abandonado porque, de cerca, es 10 veces mĂĄs inaccesible.

Shebib, que dirige a Bradley y McGrath, hace que estas escenas sean tan conmovedoras y precisas que podrĂ­an representar, si es necesario, la condiciĂłn humana. La fĂĄcil camaraderĂ­a masculina de los dos amigos es tan poco forzada que delata escenas similares en «Maridos» por lo que son: tres actores profesionales que matan el tiempo de manera narcisista. En «Goin ‘Down the Road», Shebib hace lo que los Cassavetes de «Shadows» sabĂ­an hacer, y Ă©l lo hace mejor.

Hay otras escenas, trabajos en lavados de autos y boleras, conocer a dos camareras, Bradley se casa y se muda a un departamento y compra tres muebles a tiempo. Luego llega el invierno. Los despiden en la planta embotelladora, y eso parecerĂ­a demasiado obvio en una pelĂ­cula mĂĄs hecha por el hombre, pero en esta pelĂ­cula, eso es exactamente lo que sucede. «Goin ‘Down the Road» trata sobre tiempos difĂ­ciles aquĂ­ y ahora, y es la mejor pelĂ­cula que ha salido en la ciudad en mucho tiempo.

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