Hateful Eight (2015) reseña de la película

SegĂșn mi cronĂłmetro, cuatro quintas partes de «Los odiosos ocho» tienen lugar en interiores, primero en la diligencia que se dirige a la casa de Minnie, luego en la cabaña y en un granero cercano. Tarantino le pidiĂł a su director de fotografĂ­a habitual, Robert Richardson, que rodara en Ultra Panavision 70 mm, un formato apenas utilizado desde las epopeyas del «road show» de la dĂ©cada de 1960, y construyĂł una apertura y un intermedio en su Ă©poca. la acciĂłn de la pelĂ­cula fuera de la luz solar directa. Todo es bastante perverso, pero son este tipo de elecciones las que hacen que Tarantino sea mĂĄs especial que los cineastas que sueñan con ser el prĂłximo Tarantino.

El problema no es cómo Tarantino cuenta su historia, sino las deficiencias de la historia en sí, o tal vez deberíamos poner «historia» entre comillas, porque, mås que cualquier película de Tarantino, y eso lo dice todo, lo que estå en la pantalla no lo hace. Me siento como una serie de eventos íntimamente interconectados, que se alimentan y construyen entre sí, pero mås bien una sucesión de piezas detenidas, la mayoría de las cuales son tediosamente repetitivas. Hablar hablar hablar hablar hablar hablar matar; hablar hablar hablar hablar hablar hablar hablar matar, etc. La palabra N se usa en todas partes; Tarantino ama el insulto casi tanto como descalzo. Pero su uso en «Los odiosos ocho» es mås problemåtico que en «Django», donde el término tuvo un impulso; incluso si sospechabas que Tarantino intentaba salirse con la suya, la justa ira de la película (que retrata al sur confederado como la pequeña Alemania nazi aquí en los buenos y viejos Estados Unidos) te hizo detenerte antes de escribir como un oportunista.

Ese no es el caso aquĂ­. Las conversaciones en profundidad sobre la Guerra Civil y el capitalismo y la justicia contra la justicia fronteriza son superficialmente interesantes, hasta que sospecha que no estĂĄn allĂ­ para vincular a los personajes de la pelĂ­cula con el personaje estadounidense, sino para preparar el escenario de la pelĂ­cula. asesinatos. El contexto de una Ă©poca mezquina y brutal le da al artista permiso para ser mezquino y brutal.

Cuando la violencia ocurre en «Hateful Eight», no estĂĄ ligada no solo a ninguna moral adoptada por los personajes (ÂĄque son odiosos, despuĂ©s de todo!) Sino tambiĂ©n, al parecer, a la brĂșjula moral de Tarantino, si es que tiene una, y despuĂ©s de esta pelĂ­cula, tengo serias dudas. Desde «Reservoir Dogs» y «Pulp Fiction» hasta su reciente serie de pelĂ­culas, nos brindĂł una mezcla de personajes orgullosamente amorales y que luchan moralmente, luego los mostrĂł trabajando a travĂ©s de su hipocresĂ­a y relativismo en intercambios al estilo ping. – pong finamente afinado (como esa Ășltima conversaciĂłn de Travolta-Jackson en «Pulp Fiction»). En «Hateful Eight», por primera vez en la carrera de Tarantino – ya diferencia de pelĂ­culas tan brutales, semi-explotadoras pero en Ășltima instancia tristes como «The Wild Bunch» y «U-Turn» – no hay un marco moral detectable estrictamente hablando. Simplemente vemos a un grupo de escorpiones en un cubo prepararse para picarse y luego pincharse, a veces verbalmente, a veces con puños o pistolas u otras armas: desgarrar la carne, untar los pisos de madera con sangre y cerebros. [Spoilers from here.]

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