Que de Series Peliculas La joya del Nilo (1985) reseña de la película

La joya del Nilo (1985) reseña de la película

Los rumores de la industria del cine dicen que Kathleen Turner no quería particularmente hacer esta secuela, e incluso Michael Douglas, que produce ademås de estrellas, pensó que sería mejor dejarlo antes de tiempo. Pero el contrato original especificaba una secuela, y es mérito de todos que «La joya del Nilo» es un intento ambicioso y elaborado de repetir el éxito de la primera película; no es solo una estafa.

Aun asĂ­, carece de algunos de los placeres del «romance», en particular el desarrollo del romance entre Douglas y Turner. Esta vez, cuando se estrena la pelĂ­cula, son viejos amigos, relajĂĄndose en Cannes y recordando los buenos momentos que pasaron en SudamĂ©rica. Sintiendo quizĂĄs que no hay ningĂșn lugar adonde ir con esta relaciĂłn esencialmente estable, la pelĂ­cula los sumerge casi de inmediato en la intriga del Medio Oriente.

Un årabe fabulosamente rico (Spiros Focas) invita a Turner a viajar con él a su tierra natal, por razones tan vagas como fascinantes. Douglas se rinde temporalmente; después de una riña, decide que prefiere navegar en su barco a través del Mediterråneo. Turner se ve råpidamente envuelto en peligro cuando el årabe revela su intención de usurpar el papel de un santo legendario, y Douglas se convierte en un aliado del gran líder espiritual, conocido como la Joya del Nilo. (Danny DeVito es parte de lo que se pierde en todo esto, y se fue durante largos períodos de la película para vagar por el desierto y soportar torturas triviales en lugar de un papel claramente definido).

«La joya del Nilo» gasta recursos increĂ­bles en algunos de sus escenarios, incluido un gigantesco encuentro espiritual en el desierto que se desarrolla como un cruce entre un concierto de rock y el Rally de Nuremberg. Sin embargo, lo que hace que las cosas en Oriente Medio funcionen es la actuaciĂłn de Eisenberg, que es un hallazgo bastante cĂłmico. Tiene la misma inocencia cĂ­nica que sentimos en el personaje de Harold Ramis en “Ghostbusters”: es muy sabio y muy inocente. Algunos de sus mejores momentos involucran su desconcertante diĂĄlogo intercultural: habla en amplios conceptos metafĂ­sicos, que se interrumpen inesperadamente con la jerga de 1985 y la sociologĂ­a del pop.

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