Que de Series Peliculas La mujer de al lado (1981) reseña de la película

La mujer de al lado (1981) reseña de la película

Sin embargo, tanto el hombre como la mujer cometen un error crucial desde el principio. No les cuentan a sus respectivos cĂłnyuges su antigua historia de amor. Si lo hubieran hecho, la situaciĂłn podrĂ­a haberse calmado de inmediato con vergĂŒenza, buenos modales y todos esos otros enemigos de la pasiĂłn. Pero debido a que mantienen su pasado en secreto, le dan significado. TĂĄcitamente estĂĄn de acuerdo en que todavĂ­a hay un pasado y que aĂșn comparten un secreto. En poco tiempo, se encuentran en la ciudad para pasar una tarde abrasadora en uno de esos hoteles franceses donde el conserje lo ha visto todo.

Esta situación es el epítome de Truffaut, el director francés que ha dirigido con éxito mås de 20 películas sin retratar una relación sana y madura entre un hombre y una mujer. Todos sus amantes estån condenados por los demonios de su pasión y por vetas de violencia subyacentes (en sus películas serias) y una frívola incapacidad para participar (en sus comedias).

Stanley Kauffman, el crĂ­tico de la Nueva RepĂșblica, observĂł sin rodeos no hace mucho que Truffaut solo tenĂ­a tres sujetos (1) hombres enamorados para estar enamorados, (2) mujeres que matan hombres y (3) niños.

No hay muchas escenas con los niños en esta película. Pero el hombre y la mujer ciertamente estån enamorados del amor: parecen mås fascinados por el hecho de su aventura que por el otro. Y estån trågicamente desincronizados. No pueden amarse el uno al otro simultåneamente. Aparentemente, cada uno necesita ser rechazado por el otro para despertar completamente su pasión. (La película tiene un final feliz, supongo, en el sentido de que finalmente termina en empate).

Truffaut es reconocido como uno de los mayores admiradores de Alfred Hitchcock, y «La mujer de al lado» es una pelĂ­cula profundamente hitchcockiana, ya que sus temas reales son la culpa, la pasiĂłn y las terribles consecuencias de un pecado que comienza pequeño. (Casi puedes imaginar al fantasma de Sir Alfred recitando la lecciĂłn: «Puedes ver lo que te puede pasar cuando no eres buenos chicos y chicas»). Ambos amantes son criminales, por supuesto, adĂșlteros, tramposos, mentirosos, ya que va a ocultar sus emociones como un estafador veterano. Y, como hizo Alfred, Truffaut hace un trabajo brillante al darnos imĂĄgenes superficiales casi absolutamente sencillas, mientras que debajo de la superficie hay una maraña laberĂ­ntica de pasiones.

Esta es la mejor parte de la pelĂ­cula. Truffaut nos muestra una cosa e implica otra. Hacia el final, sus personajes parecen estar haciendo exactamente lo contrario de lo que suponemos que realmente estĂĄn haciendo. La soberbia lĂłgica de la Ășltima escena es tanto mĂĄs eficaz cuanto que, maldita sea, no sabĂ­amos que era asĂ­ como ella se sentĂ­a pero, por supuesto, lo sabĂ­amos.

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