La venganza de los dragones verdes (2014) reseña de la película

«La venganza de los dragones verdes» es la historia de Sonny y Steven (Justin Chon y Kevin Wu), dos jĂłvenes que intentan y fracasan en conocerse al unirse a una pandilla. Esto no es un spoiler: Sonny difunde aparentemente su fracaso inevitable en una presentaciĂłn fatigosa del mundo: «Es una historia de venir a Estados Unidos. Solo que no es esta historia, en la que todos viven felices para siempre». Esta advertencia podrĂ­a ser emocionante si «La venganza de los dragones verdes» no entregara de inmediato la historia exacta a la que Sonny dice estar respondiendo y no adhiriĂ©ndose. Bienvenidos a Flushing, Queens en 1983, una Ă©poca en la que los inmigrantes chinos dominaban el vecindario y, segĂșn Sonny, dejaron a los residentes judĂ­os y griegos desconcertados por la afluencia de restaurantes MSG. Estos restaurantes estĂĄn protegidos o dirigidos por bandas como los Dragones Verdes, matones que aterrorizan a las mujeres y a los niños prepĂșberes como Sonny y Steven. La presencia de los Dragones es un hecho triste de la vida. Son estereotipos alborotadores, fĂĄciles de disparar, el tipo de rudo que se burla de los policĂ­as chino-estadounidenses acusĂĄndolos de amiguismo y connivencia. Estos muchachos afirman ser diferentes de las otras cinco grandes pandillas de Queens, pero aparentemente eso es una ilusiĂłn.

Sin embargo, incluso despuĂ©s de haber sido golpeados y empañados sin piedad por los Dragones Verdes, Sonny y Steven inexplicablemente todavĂ­a quieren ser uno de ellos, uno de ellos. Creen a Chen I. Chung (Leonard Wu) cuando hincha el pecho y gruñe para sĂ­ mismo: «Soy el DragĂłn Verde: sĂ© quiĂ©n soy». Pero nunca se sabe realmente lo que eso significa ya que «La venganza de los dragones verdes» es una complicada historia de gĂĄnsteres sin pretensiĂłn ni interĂ©s en las motivaciones de sus personajes. Todo lo que sabemos es que Sonny y Steven quieren parecer grandes hombres e inevitablemente lograr lo que cualquiera que haya visto «Mean Streets» o «Goodfellas» ya sabe: no hay esperanza de avanzar en una carrera. Mundo donde el perro muerde regularmente el perro. La experiencia de los inmigrantes en «La venganza de los dragones verdes» es una proyecciĂłn sombrĂ­a que es mĂĄs intrigante cuando personajes indefensos como Sonny hablan sin rodeos sobre su falta de franquicia y su desencanto. La pelĂ­cula termina derrumbĂĄndose en clichĂ©s, pero comienza fuerte, sugiriendo que hay una diferencia entre los inmigrantes al final de la lĂ­nea y los obstinados «chinos» que se niegan a unirse al programa. En una escena fugazmente memorable, Steven y Sonny comparten un hot dog porque «Esto es Estados Unidos. TĂș comes lo que ellos comen». Sonny, el narrador de la pelĂ­cula y el mĂĄs cercano a un hĂ©roe, tambiĂ©n bromea secamente que la poblaciĂłn china de Flushing explotĂł tan rĂĄpidamente en la dĂ©cada de 1980 que Train 7 se conociĂł como el «Orient Express».

Pero despuĂ©s de estas primeras pistas tentadoras de un drama neoyorquino Ășnico y hasta ahora no reconocido, «La venganza de los dragones verdes» se convierte en clichĂ©s conmovedores. Hay un romance condenado al fracaso con Tina (Shuya Chang), que es demasiado buena para su novio Sonny, pero no lo suficientemente buena como para dejarlo. Y hay tensiĂłn entre el amable policĂ­a de sombrero blanco, el detective Tang (Jin Auyeung) y, si me permiten el juego de palabras, el agente del FBI Michael Bloom (Ray Liotta, medio dormido). TambiĂ©n estĂĄ la rivalidad entre hermanos de Sonny y Steven, aunque a menudo se siente como una ocurrencia tardĂ­a en una pelĂ­cula que se mueve distraĂ­damente de una trama secundaria a otra.

Todos estos aburridos elementos confluyen en el miserable crisol de «La venganza de los dragones verdes», y ninguno de ellos sale bien: las escenas de acciĂłn estĂĄn cubiertas, no dirigidas; no hay quĂ­mica entre los actores principales; y la actitud de autoconfianza prefabricada de la pelĂ­cula no es convincente, especialmente cuando Sonny conspira con los espectadores a travĂ©s de la narraciĂłn en off y describe las reglas cardinales de los Dragones Verdes, como «Nunca dispares a los blancos» y «Siempre dispara a un tipo en la cabeza». «. Se supone que es una gran charla de un niño que claramente no sabe nada mejor, pero suena como una mala broma. Hay una buena historia en algĂșn lugar de «La venganza de los dragones verdes», pero no es la que Lau y sus colegas decidieron contar.

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