Malos tiempos en el Royale (2018) crĂ­tica de la pelĂ­cula

Una novedad del lugar es evocada por los dos primeros personajes que conocemos, el padre Daniel Flynn de Jeff Bridges y Darlene Sweet de Cynthia Erivo. El alojamiento estĂĄ construido sobre la frontera entre Nevada y California, y las habitaciones del hotel estĂĄn especialmente diseñadas para cada lado. El lado de Nevada es el que tiene un casino, aunque su licencia ha expirado. El lugar ha visto dĂ­as mejores. Como lo demuestra el hecho de que una vez que Darlene y Daniel entran para registrarse, son recibidos por un vendedor de electrodomĂ©sticos odiosamente hablador llamado Laramie que estĂĄ relajĂĄndose en el vestĂ­bulo mientras ningĂșn miembro del personal no se presenta.

Interpretado por un Jon Hamm agradablemente suave, Laramie da una perorata, empapado en un acento de Biloxi muy poco auténtico, hasta que el chasquido de Darlene en una puerta solo para empleados despierta al botones somnoliento Miles (Lewis Pullman) que entra volando. sacerdote tratando de registrarse. La pregunta de por qué, y otras preguntas, pasan por el costado de la carretera, ahogado por un ruidoso automóvil que llega al estacionamiento del albergue, conducido por una muy maldita Dakota Johnson, que firma el cuaderno de bitåcora con epíteto de dos palabras.

Un clip de televisiĂłn de Richard Nixon que explica la naturaleza de la guerra de guerrillas y por quĂ© un «alto el fuego» convencional podrĂ­a no funcionar en Vietnam establece el perĂ­odo de la pelĂ­cula alrededor de 1970. Pero eso es lo Ășnico de lo que podemos estar seguros una vez que los huĂ©spedes se hayan registrado y entrado en sus habitaciones. El personaje de Hamm hace una llamada telefĂłnica, en la que deja de enfocarse y comienza a quitar varios dispositivos de escucha del telĂ©fono en el que estĂĄ hablando. Darlene cuelga mantas en sus paredes, pone un metrĂłnomo en una chimenea y comienza a cantar. El personaje de Johnson saca a una mujer inconsciente y atada de su baĂșl y la sienta en una silla en su dormitorio. Y el padre Daniel mueve los muebles a un lado de su habitaciĂłn, enrolla la alfombra y comienza a levantar el parquet.

“Bad Times at the El Royale” tiene mucha intriga. Casi lo suficiente para soportar su tiempo de actividad de 140 minutos. Pero una vez que los hijos estĂĄn mĂĄs o menos juntos, la pelĂ­cula se convierte en una trama prolongada y sangrienta en la que un villano se pavonea espantosamente mientras la cĂĄmara se come cada uno de sus movimientos. Esto provoca la desaprobaciĂłn de Darlene, que echa un vistazo a lo que estĂĄ pasando y habla con el villano mencionado, quien intenta que apueste su vida en un giro de la ruleta: “Estoy cansada. Extraño a hombres como tĂș. En este punto, escribĂ­ en mis notas: «SĂ­, yo tambiĂ©n».

Goddard parece tener la impresión de que esta forma de autocrítica da una especie de prestidigitación al sadismo de la película. Pero estå equivocado. Y eso se llama ser demasiado inteligente para tu propio bien. Eso y nombrar a tu personaje «Darlene Sweet» e incluir un flashback que la pone a merced de un personaje falso de Phil Spector.

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