No digas una palabra (2001) rese√Īa de la pel√≠cula

Rastrear esta densidad es su propia recompensa. Nos tiramos a las orillas de la plausibilidad y nos dejamos llevar por las olas del artificio. Me gustan m√°s los thrillers cuando ponen personajes cre√≠bles en situaciones posibles (¬ęThe Deep End¬Ľ con Tilda Swinton, ha sido acusada de inverosimilitud, pero es un cine de verdad comparado con eso). Pero tambi√©n tengo un afecto furtivo por los thrillers de Douglas, donde comienza como un hombre de negocios rico y elegante y termina con un hacha en la mano. ¬ŅQui√©n m√°s puede empezar tan bien arreglado y acabar como un perro rabioso? La pel√≠cula fue dirigida por Gary Fleder, cuya ¬ęKiss The Girls¬Ľ (1997) fue tensa y elegante. Aqu√≠, nuevamente, muestra un toque visual po√©tico, cortando entre c√≥modos interiores dom√©sticos y escenas de acci√≥n filmadas en grises y azules granulados. La apariencia de sus im√°genes muestra el toque de un artista, y tiene una inclinaci√≥n por las peculiaridades del car√°cter que perfuman el material. Considere al colega psiquiatra de Douglas, interpretado por Oliver Platt, que tiene sus propias razones para obtener resultados inmediatos.

El robo al banco que abre la pel√≠cula se recicla de innumerables escenas similares, pero la pel√≠cula cambia y la trama contin√ļa desarroll√°ndose. Lo notable es c√≥mo ciertas actuaciones, especialmente la de Brittany Murphy como paciente mental y Sky McCole Bartusiak como la ni√Īa secuestrada, encuentran su propio ritmo y verdad en medio de toda esta urgencia.

Algunos podr√≠an preguntarse (de hecho, podr√≠a preguntarme) por qu√© el villano puede esperar 10 a√Īos y luego solo darle a Douglas ocho horas para trabajar con su paciente. O c√≥mo el personaje de Murphy est√° cuerdo y loco para adaptarse a las comodidades de la trama (una explicaci√≥n simple ignora cu√°les deber√≠an ser los efectos persistentes de las drogas). Y la inspectora de polic√≠a (Jennifer Esposito) lo empuja cuando llega justo a tiempo.

Sean Bean, como un villano que quiere su ¬ępropiedad¬Ľ, es tan malicioso como puede ser sin sufrir da√Īos dentales graves.

Douglas se ha apropiado de roles como este y los redime al apenas moverse por ese lado de la sobreacci√≥n, es decir, acerca de d√≥nde debe ubicarse un personaje en esta trama. L√°stima que su trabajo m√°s sutil y m√°s humano en pel√≠culas como ¬ęWonder Boys¬Ľ sea visto por una audiencia m√°s peque√Īa que sus pel√≠culas de fatal / b√°sico / instinto / atracci√≥n / revelaci√≥n.

El final de ‘Don’t Say a Word’ se reduce, como tantos thrillers, a una especie de persecuci√≥n. Pero las ubicaciones finales son oscuras y eficientes, y me gust√≥ c√≥mo el villano llega a un final dram√°tico. Pero la pel√≠cula en su conjunto se ve y, a veces, se reproduce mejor de lo que es. Hay un punto en el que la mujer lucha con el yeso y las muletas y la ni√Īa se√Īala inteligentemente su paradero y Douglas intenta realizar una psiquiatr√≠a instant√°nea a un ritmo de sala de emergencias, y lo acompa√Īan flashbacks. La visita dedicada a la escena del trauma anterior, cuando todo parec√≠a demasiado espeso. Hay una diferencia entre correr en un thriller y revolcarse en √©l.

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