Quill: The Life of a Guide Dog (2012) rese√Īa de la pel√≠cula

El entrenador de Quill, Satoru Tawada (Kippei Shina), cuenta partes de la historia y el resto est√° representado en escenas dram√°ticas. Esto muestra que gran parte del entrenamiento de un perro gu√≠a se basa en el sentido com√ļn. Por ejemplo, imagina un grupo de cachorros. Les llamas para que vengan a ti. Todos corren con impaciencia excepto uno. ¬ŅEs ese el tonto de la camada? Para nada. Su vacilaci√≥n muestra que es naturalmente reflexivo y cauteloso. Es √©l quien tiene el potencial de un perro gu√≠a.

Seguimos a Quill mientras vive durante un a√Īo con un entrenador, aprendiendo a obedecer tan bien que cuando se le dice que ¬ęse quede¬Ľ, se mantendr√° a pesar de las tentaciones como la comida. La obediencia va acompa√Īada de formaci√≥n en la toma de decisiones. Si un due√Īo le dice a un perro que lo conduzca a trav√©s del tr√°fico, el perro lo pensar√° y es posible que no se decida.

Quill aprende a detenerse en aceras y escalones. C√≥mo pararse suavemente frente a un propietario para indicarle que se tome un descanso, sin hacer que se tropiece. C√≥mo lidiar con curvas y cruces de calles. C√≥mo ignorar a otros perros (y gatos). Una vez que se completa este entrenamiento, Quill comienza un programa de entrenamiento con el ciego que se convertir√° en su due√Īo. Este es Mitsuru Watanabe (Kaoru Kobayashi), que no es un ni√Īo lindo sino un hombre irritable al que no le gustan mucho los perros. Quill debe ser m√°s tolerante que su due√Īo.

Los labradores ahora se consideran perros gu√≠a incluso mejores que los pastores alemanes, aprendemos, y Quill parece ansioso por ser un buen perro, a pesar de que su nueva familia humana lo obliga a quedarse afuera en una caseta para perros que no es lo suficientemente grande. Como escribi√≥ John McPhee en un ensayo memorable, los perros, por alguna raz√≥n, evolucionaron para ver a los humanos como sus dioses. Nos aman, nos escuchan, se alegran cuando nos ayudan. Los √ļnicos perros malos son los que tienen malos due√Īos.

Estudios recientes han demostrado que los perros siguen los ojos humanos para saber qué están mirando. Pocos otros animales tienen una concepción de la mirada de aquellos que no son de su especie. Los perros se dan cuenta, comparten, sacan conclusiones, aman cuando pueden ser de ayuda y están muy agradecidos cuando los elogian.

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