Reseña de la película de Woodstock y resumen de la película (1970)

En otras ocasiones, la pelĂ­cula sigue la mĂșsica a donde quiera que vaya. Cuando Santana entra en un ritmo complejo, Wadleigh usa una pantalla triple y enmarca al baterista con dos jugadores de bongo. Todo con sonido sincronizado (que no es tan fĂĄcil como suena en condiciones de conciertos al aire libre). El ritmo de la ediciĂłn sigue el ritmo tenso, llevando a Santana a la cabeza. Los realizadores estaban ahĂ­, justo por encima de lo que hacĂ­an los artistas intĂ©rpretes o ejecutantes.

Mire, por ejemplo, la forma en que se trata a Richie Havens. Lo vemos entre bastidores, cansado, un poco deprimido. Luego comienza a cantar «Freedom», y ya no vemos su rostro, sino su pulgar en las cuerdas de la guitarra, castigåndolos. Y luego un golpe ininterrumpido le llega al pie en una sandalia, golpeando con el ritmo, luego a los dedos, y solo luego a la cara, y ahora es un Richie Havens totalmente transformado, poseído por la energía.

Intercalados con la mĂșsica, a veces en paralelo en una pantalla dividida, son aspectos documentales mĂĄs tradicionales de «Woodstock». EstĂĄ la gente del pueblo, como el hombre que dice: “Los niños tienen hambre, hay que alimentarlos. No es asĂ­ ? Y el agricultor que pone su tierra a disposiciĂłn. Y los niños que se bañan, se colocan, comen y duermen y (en una famosa posibilidad remota) tienen relaciones sexuales. Con toda esa pelĂ­cula para elegir en la sala de ediciĂłn, Wadleigh pudo brindarnos docenas de pequeños momentos inauditos que resumen la sensaciĂłn de Woodstock. AhĂ­ estĂĄ Hugh Romney (tambiĂ©n conocido como Wavy Gravy) de Hog Farm («Amigos, estamos planeando el desayuno en la cama para 400.000 personas»). La famosa advertencia de «åcido malo». El hombre de Port-O-San, que despuĂ©s de tomar algunas unidades, le dice a la cĂĄmara que tiene un hijo en algĂșn lugar de la multitud – «y otro en la DMZ, volando helicĂłpteros». HabĂ­a gente del pueblo que llevaba carros llenos de comida al parque. Los niños. Los perros, gratis. Swami GI y tres monjas haciendo el signo de la paz. Los policĂ­as comen paletas heladas. El ejĂ©rcito arrojaba mantas, comida y, sĂ­, flores desde helicĂłpteros.

La estructura del documental es aproximadamente cronológica. Vemos cómo se preparan los campos, se construye el escenario, se forman los atascos. Se ve a multitudes pisoteando las vallas, y llega el momento en que el evento, concebido como una empresa con ånimo de lucro, se declara oficialmente como «concierto gratuito» porque obviamente no había otra opción. (Hay un punto en el que Bill Graham, un promotor de conciertos en San Francisco que siempre ha estado atento a la puerta, aconseja a los organizadores, en broma, creo, que llenen las zanjas con aceite en llamas para evitar que se rompan las puertas para entrar).

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