Reseña de la película Gorillas in the Mist (1988)

Fossey es interpretada por Sigourney Weaver, quien la vuelve apasionada y privada y tiene una ternura y tacto exquisitos en sus delicadas escenas con animales salvajes. Es imposible imaginar una opción más adecuada para el papel. Pero ella se aleja de nosotros cuando la película llega a su fin. Una mujer que hemos llegado a conocer se convierte en una extraña, y aunque eso es lo que le sucedió a Fossey, a pesar de que ella se puso un capullo de obsesión a su alrededor, merecemos ver que esto suceda y hacerlo, entiéndelo. El guión simplemente lo presenta como un trato hecho.

También hay una sensación de romance en las escenas centrales de la película, cuando un fotógrafo de National Geographic (Bryan Brown) llega a la jungla y los dos se enamoran.

Él llega, se vuelven amantes, luego le dice que tiene una misión al otro lado del mundo y que quiere que ella venga. No puede, dijo, quedarse en la jungla para siempre; tiene un trabajo que hacer. Ella le dice que no se irá y que, si lo hace, nunca tendrá que volver ni escribir. ¿No fue este argumento inevitable desde su primer encuentro? ¿El fotógrafo esperaba que esta mujer se fuera? ¿Esperaba que se quedara? En realidad, nunca se hablan, así que no estamos seguros.

Las mejores escenas de la película implican su gradual aceptación por parte de los gorilas. Aquí, es difícil decir quién debería recibir más crédito: aquellos que fotografiaron animales reales en la jungla o aquellos que usaron efectos especiales para crear animales, y partes de animales, en particular.

Me imagino que algunos primeros planos de la mano de un gorila, estrechando la mano de Weaver, fueron hechos con los diseños de efectos especiales de Rick Baker. Me imagino que algunos de los gorilas de la jungla son reales y algunos son hombres disfrazados de gorila. Pero el trabajo va tan bien que nunca pude estar seguro. Todo me pareció tan real, y la delicadeza con la que el director Michael Apted desarrolló la relación entre la mujer y la bestia fue profundamente absorbente. Hubo momentos en los que sentí una pizca de pavor. Estos momentos, que son genuinos, hacen que valga la pena ver la película.

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