Reseña de la película Great World of Sound (2007)

En cierto modo, la película se parece al gran documental «Salesman» (1968) de Albert y David Maysles, sobre vendedores de Biblia de puerta en puerta. Los vendedores de ambas películas esperan recompensas mucho mayores de lo que es posible. Pero «Great World» tiene otra dimensión: aunque Martin y Clarence son personajes de ficción, muchos (pero no todos) de los que vienen a la audición no estån en el juego. Creen que es una audiencia real: en ese sentido, son explotados tanto en la vida real como en la historia. (El director Craig Zobel dice que obtuvo los lanzamientos de todos después del hecho).

Algunos de los artistas hacen que te preguntes cómo se engañaron a sí mismos pensando que eran talentosos. Pero una de ellas, una niña afroamericana, canta su «Nuevo Himno Nacional», que es tan bueno que creo que debería grabarse de verdad. Curiosamente, a Martin también le gusta y comete el pecado cardinal del estafador: invertir en su propia estafa.

La pelĂ­cula se parece a “Boiler Room” y “Glengarry Glen Ross” en la forma en que los reclutadores de ventas cuentan historias amplias sobre su Ă©xito. Sin embargo, es un poco desgarrador lo moderadas que son las “riquezas” que prometen a sus reclutas. Si trabajan duro y hacen un buen negocio, se les dice a los vendedores que pueden esperar ganar $ 1,000 al mes. Shank (John Baker), el director de la compañía, agrega un poco de puesta en escena en un momento, marcando su banco por un altavoz y escuchando su saldo actual leĂ­do en voz alta. Si mal no recuerdo, fue algo asĂ­ como $ 13,000. No millones.

El drama de la pelĂ­cula se produce cuando Martin tiene un ataque de conciencia, mientras que Clarence tiene un ataque de miedo de que pronto volverĂĄ a las calles. Ver cĂłmo funcionan las marcas es fascinante, cuando uno tiene dudas y el otro estĂĄ desesperado. “Great World of Sound”, un Ă©xito de Sundance, es la primera pelĂ­cula de Zobel, un ejercicio seguro y confiado centrado en el sueño americano convertido en pesadilla.
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