Rese√Īa de la pel√≠cula Mogadishu Escape (2021)

El resto de ¬ęEscape from Mogadishu¬Ľ no es tan convincente. En el drama oculto de Ryoo, los desinteresados ‚Äč‚Äčsurcoreanos son canonizados como santos modernos porque no solo se adaptaron y resistieron en tiempos de guerra, sino que tambi√©n dieron un buen ejemplo para las futuras relaciones diplom√°ticas. Sobrevivir a la violencia puede ser edificante, pero poner la otra mejilla, sin ninguna esperanza de reconocimiento futuro, es divino. Esta l√≠nea de pensamiento podr√≠a haber sido m√°s convincente si ¬ęEscape from Mogadishu¬Ľ no hubiera convertido su trama basada en una historia real en un ejercicio inestable de formaci√≥n de equipos. Lo √ļltimo de Ryoo gira en torno a ese matiz, tanto narrativa como formalmente, y en cambio se inclina ante el sentimentalismo y el cinismo en la guerra vagamente lament√°ndose como un guante que solo los fuertes pueden sobrevivir.

¬ęEscape from Mogadishu¬Ľ comienza con un texto que explica por qu√© los diplom√°ticos surcoreanos fueron enviados a Somalia en 1987: para obtener el apoyo de los miembros africanos de las Naciones Unidas, porque ¬ęel continente africano ten√≠a la mayor cantidad de votos en el mundo¬Ľ. ¬ę. Apr√®s cela, certaines sc√®nes d’√©tablissement (situ√©es en 1990) mettant en vedette les diplomates sud-cor√©ens Shin-sung Han (Yoon-seok Kim) et Dae-jin Kang (In-sung Zo) √©tablissent parfaitement l’instabilit√© politique de la regi√≥n. Primero, los surcoreanos, despu√©s de ser agredidos por mercenarios locales (contratados por los norcoreanos), se pierden la tan esperada reuni√≥n con el presidente somal√≠ Barre. Luego, despu√©s de unas breves palabras con la delegaci√≥n de Corea del Norte, encabezada por Yong-su Rim (Joon-ho Huh) y Joon-ki Tae (Kyo-hwan Koo), se invita a los surcoreanos a pagar sobornos. Vino: ¬ęDo ¬ŅQuieres un bolso para tus hijos? ‚ÄĚ, luego amenazado a punta de pistola (en su propia embajada) por las autoridades locales.

Avance r√°pido a Mogadiscio en 1991, m√°s o menos. Los rebeldes, a quienes los norcoreanos tambi√©n han armado con armas, disparan ahora indiscriminadamente en las calles. La protecci√≥n diplom√°tica no significa nada y los recursos son escasos. La misi√≥n ego√≠sta de Corea del Sur contrasta con los sangrientos disturbios justo afuera de las puertas de su embajada. La c√°mara generalmente comprometida de Ryoo (la pel√≠cula fue filmada por su director de fotograf√≠a habitual, Young-hwan Choi) cubre la escena y resalta la sangre que fluye de una herida en la cabeza en un hombre somal√≠ mientras es arrastrado por los tobillos en la calle. Al mismo tiempo, una versi√≥n pregrabada del mensaje diplom√°tico coreano juega a ser una iron√≠a barata: ¬ęRecuerde que en los buenos y en los malos tiempos, los surcoreanos siempre estaremos a su lado¬Ľ.

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