Reseña y resumen de la película Bluebird (2015)

El niño, casi congelado durante la noche, se encuentra en el hospital con una función muy disminuida. Lesley está devastada y consumida por la culpa; su esposo Richard (John Slattery) y su hija adolescente Paula (Emily Meade) están luchando para hacer frente a los acontecimientos. Al igual que la madre del niño, María (Louisa Krause) y su dura abuela Crystal (Margo Martindale).

«Bluebird» procede silenciosamente de este punto oscuro y abrumador. El guión de Edmands ofrece muchas oportunidades para giros narrativos y comentarios sociales, pero estas no son las áreas de interés del cineasta. Al contrario, le interesan las personas, su apariencia, su comportamiento, cuando se adaptan o no se adaptan. La resolución de la película no viene en forma de un momento «eureka» en la investigación, o documentos del abogado que presenta cuidadosamente sus servicios (e insinúa sus posibles recompensas) a María y Crystal en el hospital. Se nota en las miradas de los personajes mientras toman la determinación de intentar vivir sus vidas.

No es fácil. Lesley, en particular, no logra salir de la rutina del dolor y la vergüenza que siente por su error; Verlo empeorado por perder su trabajo le duele el estómago. La frustración de Richard se convierte en una ira potencialmente destructiva y, en última instancia, impotente. El resentimiento de Paula por tener lo que debería ser un momento divertido en su adolescencia convertido en un papel secundario en una tragedia también choca contra una pared. Y el enfado y la negación de María estalla en un enfrentamiento con Lesley que no resuelve nada.

Los actores son todos excepcionales; Mientras que la increíble lista de talentos de actuación de la película sugiere una pieza de conjunto, la estructura de la película presenta pacientemente una serie de escenas entre dos o tres personajes (Adam Driver también tiene un papel de colega de María, y s ‘absuelve tranquilamente). La cinematografía en pantalla ultra grande de Jody Lee Lipes hace que el espectador sienta el frío del escenario, la casi desolación de los largos caminos sinuosos que serpentean alrededor del bosque que alimenta la papelería. Todas estas miradas sugieren un esfuerzo hacia una epifanía espiritual, por parte de los personajes de la película y de la propia película. La naturaleza del escenario sugiere en cierto sentido Faro, la isla en la que Ingmar Bergman posó y filmó algunos de sus estudios más estimulantes sobre la humanidad y Dios, o su ausencia; La clara apreciación de Edmands de las cualidades expresivas de un rostro humano no expresivo está en la tradición de Bresson. Lo que no quiere decir que el cineasta haya alcanzado estas alturas particulares aquí.

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