Reseña y resumen de la película Danton (1983)

El nombre del director puede ayudar a explicar la sensibilidad herida de los franceses. Este es Andrzej Wajda, uno de los dos mås grandes directores polacos y ganador del Festival de Cine de Cannes el año pasado por su «Iron Man», sobre el movimiento Solidaridad. Wajda vive temporalmente en París, donde es posible que el tema de la revolución le recuerde las mismas pasiones populistas de Solidaridad.

De cualquier manera, hizo una gran imagen histórica, con sudor y suciedad por todas partes. Cada vez que voy a una película en el pasado, recuerdo las instrucciones inmortales de Jack L. Warner a sus productores en Warner Bros., después del bombardeo de una serie de películas históricas: «No me den mås imågenes donde la gente escribe con plumas. » La gente de «Danton» escribe con plumas, lleva pelucas y posa, pero lo hace en escenas de tan feroz creencia que todo se olvida menos el momento.

BĂĄsicamente, la pelĂ­cula cuenta la historia del conflicto entre dos de las personalidades mĂĄs destacadas de la Ă©poca, los dos lĂ­deres revolucionarios Danton y Robespierre, quienes estaban en el mismo bando al principio pero llegaron a tener diferencias filosĂłficas fundamentales que solo la guillotina pudo resolver. .

Danton es interpretado por GĂ©rard Depardieu, este gran actor proletario francĂ©s tan Ăștil en papeles donde las emociones fuertes necesitan algĂșn tipo de anclaje. Suena sus ĂĄsperas e idealistas discursos en el Senado como un entrenador de fĂștbol de medio tiempo.

Robespierre es interpretado por un actor polaco, Wojciech Pszoniak, como un hipocondríaco egocéntrico cuya estrategia política parece determinada en gran medida por su necesidad de hacer desaparecer sus dolores de cabeza.

La cĂĄmara de Wajda viaja por el ParĂ­s del siglo XVIII con total familiaridad. Llena la ciudad de gente pobre, gente de la calle, ladrones, prostitutas y escoria ardiente, y siempre existe la sensaciĂłn de que esas multitudes se agolpan afuera cuando se reĂșne el Senado. Y luego muestra a Danton y Robespierre, cada uno perfectamente consciente de las motivaciones del otro y de la posibilidad de la guillotina, liderando un duelo intelectual. La escena del gran enfrentamiento entre los dos estĂĄ tan bien representada y escenificada que, por primera vez en una pelĂ­cula sobre la RevoluciĂłn Francesa, sentĂ­ que estaba escuchando a la gente y no a los discursos.

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