Reseña y resumen de la película El veredicto (1982)

El amigo de Galvin, un abogado llamado Mickey Morrissey (Jack Warden) le ha preparado un poco de trabajo: una demanda abierta y cerrada por negligencia contra un hospital católico en Boston, donde una joven fue convertida descuidadamente en un vegetal debido a la vigilancia médica. El caso es bastante sencillo. Galvin puede esperar llegar a un acuerdo fuera de los tribunales y embolsarse un tercio del acuerdo, lo suficiente para beber por el pequeño futuro que probablemente disfrute.

Pero Galvin comete el error de ir a ver a la joven víctima a un hospital, donde estå viva pero en coma. Y algo se rompe en él. Decide juzgar este caso, por Dios, y demostrar que los médicos que se la llevaron eran culpables de incompetencia y deshonestidad. En la mente de Galvin, llevar este caso a los tribunales es lo mismo que recuperar su autoestima y salir de su propio coma alcohólico.

La redenciĂłn de Galvin tiene lugar en el contexto de un thriller forense. El guiĂłn de David Mamet es una maravilla de buenos diĂĄlogos, personajes bien vistos y una estructura que vale la pena en la gran escena del tribunal, como exige el gĂ©nero. Como drama de audiencia, «El veredicto» es un trabajo de primera calidad. Pero el director y protagonista de esta pelĂ­cula, Sidney Lumet y Paul Newman, parecen querer algo mĂĄs; «El veredicto» es mĂĄs un estudio de personajes que un thriller, y el suspenso enterrado en esta pelĂ­cula se trata mĂĄs de la propia vida de Galvin que de su Ășltimo caso.

Frank Galvin le ofrece a Newman la oportunidad de realizar una de sus grandes actuaciones. Esta es la primera película en la que Newman parece un poco viejo, un poco cansado. Hay momentos en que su rostro se desploma y sus ojos se ven terriblemente cansados, y uno puede mirar claramente a los viejos que jugarå en 10 años. Newman siempre ha sido un actor interesante, pero a veces su resistencia, su vitalidad juvenil ha empañado sus actuaciones; tiende a verse siempre genial, y eso no siempre es lo que requiere el papel. Esta vez nos da a Frank Galvin, viejo, cansado, con resaca, tembloroso (y heroico), y le compramos candado, caldo y chupito.

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