Reseña y resumen de la película Sin Alas (2016)

Luis Vargas (Carlos PadrĂłn), un ex periodista de arte de 70 años, abre el periĂłdico una mañana y ve el obituario de una bailarina que alguna vez fue famosa, Isabela Muñoz (YulisleyvĂ­s Rodrigues). En 1967 Luis e Isabella tuvieron un romance breve pero muy intenso. La noticia de su muerte agita las profundidades de su alma, los recuerdos, todos fragmentados y alucinatorios, se agolpan ante sus ojos. Soñó con Isabella, el mismo sueño todas las noches, y en el sueño suena una canciĂłn. No sabe cuĂĄl es la canciĂłn y se la cuenta a su amigo Ovilio (Mario Limonta). Los dos amigos se embarcaron en una bĂșsqueda para averiguar el nombre de la canciĂłn. (Este motivo musical, compuesto por Robert Pycior, se repite a lo largo de «Sin Alas», a veces tocado con violonchelos tristes, a veces con bongos martillados debajo, a veces con simples notas de piano que suenan como una caja de mĂșsica. Niño. La mĂșsica no se usa en «Sin Alas «como relleno perezoso o para manipular las emociones del pĂșblico. La mĂșsica es radicalmente dramĂĄtica: es una partitura anticuada).

«Tengo que sacarme esta melodĂ­a de la cabeza para poder descansar», le dijo Luis a Ovilio. Esta bĂșsqueda lo lleva por caminos de la memoria que podrĂ­a haber deseado evitar, pero una vez que se abren las compuertas, no hay forma de detenerlo. Luis creciĂł en una familia adinerada de plantaciones de azĂșcar y sus padres huyeron de Cuba cuando Castro tomĂł el poder. Él, un joven de 20 años, se quedĂł atrĂĄs. Hay misterios en su infancia, cosas que se vislumbraban cuando era pequeño, que no se entendĂ­an.

Ben Chace y su director de fotografía, Sean Price Williams, optaron por utilizar diferentes esquemas de color para cada época. Puede parecer un cliché, pero no funciona. Los esquemas de color son hilos a través del laberinto de asociaciones, ubicando diferentes puntos en la línea de tiempo a medida que entran y salen del foco. La infancia de Luis transcurre en un blanco y negro nítido, casi alienante, con la luz del sol que irrumpe en el marco, que no aporta claridad, sino reflejos y refracciones vertiginosas. No es un pasado nostålgico con reflejos dorados. Es otra cosa muy distinta. El asunto de Luis e Isabela en 1967 (con Lieter Ledesma Alberto como el Luis mås joven) tiene una paleta glamorosa de los años 60, todo en verde agua, plateado y rosa, apasionada pero algo fría, lluvia torrencial cayendo por el parabrisas, el esmalte de uñas plateado de Isabella brillando contra una copa de cristal tallado. La paranoia de Castro sobre Cuba es intensa en las imågenes de la década de 1960, y el estilo refleja esa realidad. La vida en la calle puede ser mås relajada en estos días, pero esa paranoia permanece: puertas abiertas, escaleras laberínticas, ventanas que miran a los residentes desde arriba.

En «Listen Up Philip», «Christmas, Again», «Heaven Knows What», «Queen of Earth» y ahora «Sin Alas», Sean Price Williams demuestra que es uno de los cineastas mĂĄs talentosos que trabajan en la actualidad. ‘Hui. Es maravilloso con movimientos suaves de la cĂĄmara y primeros planos intuitivos. Puede «captar» un estado de ĂĄnimo, un tipo de luz o el espacio entre las personas, de una manera que cuenta el 90% de la historia. Las actuales escenas callejeras de La Habana en «Sin Alas» tienen mucho en comĂșn con la fotografĂ­a callejera de «El cielo sabe qué», donde la cĂĄmara de Williams parece estar en todas partes al mismo tiempo, sin perder nada. Pero los flashbacks y las secuencias de sueños en «Sin Alas» son surrealistas y espeluznantes, con sombras alargadas que se extienden a travĂ©s de las habitaciones o que bajan gigantescas escaleras de mĂĄrmol vacĂ­as. Con la partitura, el trabajo de Williams resalta la profundidad de la historia de Chace, su potencial, su universalidad. Esta no es una pelĂ­cula de «rebanada de vida». Es una pelĂ­cula de «meditaciĂłn sobre la vida». «Sin Alas» es emotivo y denso, estimulante e inteligente, y todo se mantiene unido por la mĂșsica, el poema limeño, los colores, los sonidos.

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