Rese√Īa y resumen de la pel√≠cula Sing Me a Song (2021)

Y luego, diez a√Īos despu√©s, el joven monje se despierta con un timbre el√©ctrico en su tel√©fono celular. Luego despierta a otros por medios m√°s tradicionales, tocando un gong. Balm√®s es particularmente bueno para enmarcar sus im√°genes. La composici√≥n es excepcional, sobre todo dada la intimidad de los momentos en pantalla. Ser√≠a fascinante ver una pel√≠cula separada sobre c√≥mo se gan√≥ no solo el acceso sino tambi√©n la confianza de los monjes y otros personajes que entran en la historia y parecen ignorar las c√°maras, incluso en las conversaciones m√°s privadas. En una escena, Peyangki finalmente conoce a Ugyen, la joven con la que habl√≥ en l√≠nea. Como sugiere su comentario sobre su tama√Īo, cada uno descubre que no se conoc√≠an tan bien como pensaban. Por ejemplo, se√Īala en voz baja que ella no mencion√≥ que ten√≠a un hijo. Dice muy poco para indicar su decepci√≥n. Pero la c√°mara capta una peque√Īa l√°grima silenciosa que se desliza por su mejilla.

Las im√°genes se benefician enormemente de la impresionante belleza del entorno monta√Īoso y de las t√ļnicas de color burdeos oscuro de los monjes, que a√Īaden un toque vivo de color contrastante a muchas escenas; el fuego y la luz de las velas dan calidez y atemporalidad a los rostros y colores de la pel√≠cula, lo que marca una clara diferencia con la dura iluminaci√≥n artificial del club nocturno donde baila Ugyen.

Las composiciones no solo son hermosas, sino tambi√©n convincentes ilustraciones de contrastes. En una toma, dos grupos de monjes con t√ļnicas color burdeos se sientan uno frente al otro en dos juegos de escalones de concreto gris frente a un edificio. Lo visual es tan impactante que toma un momento darse cuenta de que resalta los puntos Balm√®s hecho sin ninguna narraci√≥n innecesaria de la colisi√≥n entre las tradiciones milenarias de los budistas renunciantes y el mundo moderno. Se sientan en los escalones hasta que se abre el edificio. Es una sala de juegos e internet, donde pueden entrar y jugar juegos de disparos en primera persona, lo suficientemente lejos de sus vidas de contemplaci√≥n, oraci√≥n y b√ļsqueda de la santidad en tareas como barrer y encender velas.

Podemos sonre√≠r ante los universales que se aplican incluso en los rincones m√°s aislados del mundo. Incluso en la tranquilidad de un monasterio en la cima de una monta√Īa, algunos ni√Īos continuar√°n desliz√°ndose por la rampa, dando volteretas, descuidando sus estudios, jugando con armas y pretendiendo volar cosas. Y algunos llegar√°n a los extremos para estar con una chica. Es dif√≠cil no pasar demasiado tiempo en nuestros tel√©fonos. Pero nuestras sonrisas ser√°n m√°s nost√°lgicas al ver a los j√≥venes compinches encender las velas: su mundo pac√≠fico y sin dispositivos es tan atractivo para nosotros como el mundo de conexiones infinitas lo es para Peyangki.

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