Que de Series Peliculas Reseña y resumen de la película Swing Time (1936)

Reseña y resumen de la película Swing Time (1936)

Mira el Ășltimo momento de su nĂșmero «¿No es un dĂ­a hermoso?» en «Top Hat» (1935). Comienza con ella burlĂĄndose de Ă©l, siguiĂ©ndolo alrededor de un quiosco de mĂșsica, con las manos en los bolsillos. Degenera en un contrapunto de danza apasionadamente fĂ­sica a los truenos y relĂĄmpagos, luego se ralentiza en una secuencia en la que imitan los estilos y movimientos de los demĂĄs. Finalmente, satisfechos, se derrumban en el borde del quiosco de mĂșsica y se dan la mano.

Siempre pensĂ© que el apretĂłn de manos era entre los bailarines, no entre sus personajes. MĂĄs que cualquier otro bailarĂ­n en la historia del cine, Astaire y Rogers han ocupado el tiempo real. Godard nos decĂ­a en los años sesenta que «el cine es la verdad 24 veces por segundo, y cada corte es mentira». Astaire llegĂł a la misma conclusiĂłn 35 años antes. CreĂ­a que cada nĂșmero de baile debĂ­a filmarse, lo mĂĄs cerca posible, en una toma ininterrumpida, mostrando siempre las figuras completas de los bailarines de la cabeza a los pies.

No hay cortes para un pĂșblico admirador; Astaire pensĂł que era una distracciĂłn. Sin cortes o muy pocos puntos de vista diferentes (en «Swing Time» la cĂĄmara estĂĄ en una grĂșa para seguirlos escaleras arriba desde una pista de baile inferior a una superior). Y nada de primeros planos de los rostros de los bailarines, ya que eso nos negarĂ­a el movimiento de sus cuerpos. (DespuĂ©s de ver la pelĂ­cula de baile «Stayin ‘Alive» en 1983, Rogers me olisqueĂł: «¥Los jĂłvenes de hoy piensan que pueden bailar con la cara puesta!»)

Cuando ves a alguien, un atleta, un mĂșsico, un bailarĂ­n, un artesano, haciendo algo difĂ­cil y haciendo que parezca fĂĄcil y divertido, te sientes mejor. Es una victoria del lado humano, sobre los enemigos de la torpeza, la timidez y el cansancio. La lĂ­nea cĂ­nica sobre Astaire y Rogers fue: “Ella le dio sexo; le dio clase. De hecho, ambos tenĂ­an clases y el sexo nunca fue el punto. La quĂ­mica entre Fred y Ginger no era solo erĂłtica, sino intelectual y fĂ­sica: eran dos purasangres que podĂ­an bailar mejor que nadie y lo sabĂ­an. Las parejas de baile posteriores de Astaire bailaron bajo su centro de atenciĂłn, pero Ginger Rogers, crĂ­tica de baile Arlene Croce, escribiĂł, «arrojĂł su propia luz».

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