Rese√Īa y resumen de la pel√≠cula The Automat (2022)

‚ÄúThe Automat‚ÄĚ es un homenaje a la que alguna vez fue la cadena de restaurantes m√°s grande de Estados Unidos, a pesar de que solo operaba en dos ciudades. La creaci√≥n de los socios Joseph Horn y Frank Hardart, el restaurante se inspir√≥ en un restaurante alem√°n que entregaba comidas ordenadas por adelantado a los clientes a trav√©s de un montaplatos. La innovaci√≥n aqu√≠ fue a√ļn m√°s eficiente en t√©rminos de servicio. Ponga una cierta cantidad de monedas de cinco centavos en la ranura, gire un bot√≥n, y esa ventana revestida de lat√≥n se abrir√°, y sacar√° un plato de espinacas a la crema, bistec Salisbury, macarrones con queso: las rapsodias inspiradas en estos platos se repiten y otra vez por los clientes nost√°lgicos satisfechos entrevistados aqu√≠, algunos famosos, otros no, y postres como el pastel de merengue de lim√≥n. ¬°Y el caf√©! Los socios crearon una urna con un pico en forma de cabeza de delf√≠n, inspirada en las fuentes italianas. Una taza era una sola moneda de cinco centavos, un regalo que m√°s tarde significar√≠a problemas para la empresa.

La tataranieta de Hardart, Marianne, es uno de los parientes que cuenta la historia. Otro es Edwin Daly, el hijo del hombre que sucedió a Joseph Horn como presidente de la empresa en la década de 1940. Sigue siendo un apasionado, incluso inflexible, sobre la misión original de sus fundadores, que se basó en los preceptos del servicio sencillo y la buena comida.

Durante una época dorada que se extendió desde antes de la Depresión hasta la década de 1950, el Automat estuvo a la altura de su misión y se hizo famoso en el proceso. Hurwitz ofrece clips de películas antiguas de celebridades desde Jack Benny y Sylvia Sidney hasta Bugs Bunny disfrutando de una comida allí. Los restaurantes en sí eran luminosos y atractivos, con mostradores de mármol, semibalcones y techos altos elaboradamente detallados.

As√≠ lo recuerda el propio Brooks, hablando de sus d√≠as como un ni√Īo que viv√≠a en la pobreza en Brooklyn, para quien Manhattan era un destino imposiblemente ex√≥tico, y vio su primer Automat, y pas√≥ a su √©poca como un escritor de comedia hambriento que no pod√≠a permitirse el lujo de comer. en cualquier otro lugar. Como √©l y Carl Reiner revelan, en entrevistas separadas pero intercaladas, continuaron yendo all√≠ incluso cuando estaban relativamente satisfechos, porque les encantaba la comida. Ruth Bader Ginsburg tambi√©n lo hizo; pero tambi√©n amaba la mezcla de personas que atra√≠a el lugar. Al igual que Colin Powell, cuyos recuerdos de lo agradecido que estaba de ser recibido, inequ√≠vocamente, en el Automat cuando tantos otros lugares estaban racialmente segregados, son genuinamente conmovedores.

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