Que de Series Peliculas RevisiĂłn de la pelĂ­cula Phantom of Liberty (1995)

RevisiĂłn de la pelĂ­cula Phantom of Liberty (1995)

Después de una escena del surrealismo buñueliano por excelencia, un soldado borracho que intenta besar a una mujer de mårmol y el marido de la escultura le golpea la cabeza, la acción de la película se traslada a la Francia contemporånea y se queda allí. Pero no se queda mucho tiempo en un lugar. La película es un malabarismo fluido y vertiginoso de muchas historias y coincidencias alegremente extrañas.

Buñuel nos lleva tan rĂĄpido a cada nueva calcomanĂ­a que no tenemos tiempo para quedarnos mientras se guarda la Ășltima. Nos encontramos con personajes, se enfrentan a una crisis de locura, ilegalidad, infelicidad, fetichismo, estupidez institucional o todo lo anterior, y luego, justo cuando la causa de la crisis se revela como una paradoja, los personajes se encuentran con un nuevo conjunto de personajes y estamos pisĂĄndoles los talones. La cĂĄmara de Buñuel a menudo entra en escena con un juego de caracteres y se va con otro, un dispositivo que se usĂł nuevamente en «Slacker» (1991).

Si intentara describirlos, las tiendas anidadas pero desconectadas de Buñuel parecerĂ­an confusas. Pero su pelĂ­cula es extrañamente lĂșcida; tiene la realidad aumentada de un sueño. Este material no podrĂ­a funcionar si el director no tuviera mucha confianza. Y a los 75 años, cuando la mayorĂ­a de los directores dictan sus recuerdos, Luis Buñuel seguĂ­a perfeccionando su estilo y encontrando nuevas formas de satisfacer sus obsesiones personales. «El fantasma de la libertad» utiliza sus prejuicios y fetiches habituales para interpretar variaciones de su tema favorito, que se podrĂ­a decir: en un mundo liberado por la libertad, sĂłlo la anarquĂ­a tiene sentido.

Buñuel siempre, por supuesto, ha incluido un aura de sadomasoquismo culpable en sus pelĂ­culas. Sus personajes suelen ser adultos que se hacen pasar por niños y niñas feos (como el cardenal que quiso ser jardinero en «El discreto encanto de la burguesĂ­a»). Sus fetiches se presentan con una sincronĂ­a tan exquisita, con tanta risa de caballo frente al decoro, que tenemos que reĂ­rnos. (“Fue una tarde maravillosa la que el pequeño Luis pasĂł en el piso del armario de su madre cuando tenĂ­a 12 años, y la ha estado compartiendo con nosotros desde entonces”, dijo Pauline Kael).

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