Songs from the Second Floor (2002) rese√Īa de la pel√≠cula

Lo vi en el Festival de Cine de Cannes de 2000. Por supuesto, no encontr√≥ un distribuidor de inmediato. Como era de esperar, el p√ļblico no acudi√≥ en masa. Cuando lo proyect√© en mi Overlooked Film Festival 2001, hubo momentos en que el p√ļblico se ri√≥ a carcajadas, momentos en que entrecerraron los ojos con consternaci√≥n, momentos en que miraron con incredulidad. Cuando dos de los actores salieron al escenario despu√©s, era l√≥gico que uno de ellos nunca dijera una palabra.

Me encanta esta pel√≠cula porque es completamente nueva, partiendo de un lugar que ninguna otra pel√≠cula ha dejado, procediendo implacablemente a demostrar la l√≥gica de su desesperaci√≥n, llegando a un lugar sin esperanza. Buscamos los nombres de los artistas para evocar: Bosch, Tati, Kafka, Beckett, Dali. Esta es la ¬ępayasada de Ingmar Bergman¬Ľ, dice J. Hoberman en Village Voice. S√≠, y el tr√°gico Groucho Marx.

Ir√≥nicamente, la pel√≠cula comienza con un hombre en una m√°quina de bronceado, ir√≥nico, porque todos los dem√°s personajes parecer√°n que han pasado a√Īos en cuevas sin sol. Avanza a trav√©s de una serie de decorados en los que la c√°mara, que rara vez se mueve, observa impasible escenas de absurdo y desesperaci√≥n. Un hombre es despedido y se aferra a la pierna de su jefe, quien camina por un pasillo arrastr√°ndolo detr√°s de √©l. Un mago corta a un voluntario por la mitad. s√≠. Un hombre con el acento equivocado es atacado por una pandilla. Un hombre prende fuego a su propia tienda y luego asegura a los inspectores del seguro que es un incendio provocado, pero mientras hablan perdemos inter√©s porque afuera en la calle pasa un desfile de flagelantes azot√°ndose en el tiempo.

Existe el hilo más delgado que conecta las escenas, el pirómano es un personaje continuo, pero Andersson no cuenta una historia convencional. Aquí y allá choca su cámara en una ciudad que simplemente ha dejado de funcionar, está averiada y se está canibalizando. Es una ciudad del siglo XX, pero Andersson la considera un escenario adecuado para la plaga o cualquier otra visita medieval. Y sus ciudadanos han recurrido a una antigua superstición espeluznante para protegerse.

Considere la escena en la que cl√©rigos y hombres de negocios, todos vestidos para sus escritorios, se re√ļnen en un paisaje desolado mientras una joven camina por la tabla hacia su muerte. Quiz√°s el sacrificio de su vida apaciguar√° a los dioses que est√°n enojados con la sociedad. Observamos esta escena y nos vemos obligados a admitir que las empresas son capaces de tal comportamiento: que una empresa tabacalera, por ejemplo, espera que sus clientes caminen por la plancha todos los d√≠as.

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