The Gleaners and Me (2001) rese√Īa de la pel√≠cula

Los espigadores siguen tradicionalmente la cosecha, recolectando lo que se perdi√≥ la primera vez. En la nueva pel√≠cula meditativa de Agnes Varda, las vemos en los campos de papa y manzanos, donde los agricultores realmente las reciben (faltan toneladas de manzanas a los primeros recolectores porque los profesionales trabajan r√°pido y no tienen paciencia para buscar la fruta escondida). ). Luego nos encontramos con espigadores urbanos, incluido un artista que encuentra objetos que puede convertir en esculturas y un hombre que no ha pagado por su comida durante m√°s de 10 a√Īos.

Todo el mundo parece saber que esta pr√°ctica est√° protegida por la ley, pero nadie parece saber exactamente lo que dice la ley. Varda filma a juristas de pie en el campo con sus t√ļnicas y libros de leyes, que dicen que la recolecci√≥n debe tener lugar entre el amanecer y el atardecer, y muestra a los recolectores de ostras con botas de goma, que dicen que ‘no deben venir dentro de las 10, 20 o 12, o 15 metros de los criaderos de ostras, y no se pueden llevar m√°s de ocho, 20 o 10 libras de ostras, no es que alguien las pese.

En un pueblo de provincias, Varda analiza el caso de j√≥venes desempleados que volcaron contenedores de basura de supermercados luego de que el due√Īo empapara el contenido con lej√≠a para desanimarlos. Quiz√°s ambas partes estaban infringiendo la ley; los j√≥venes ten√≠an derecho a espigar, pero no a cometer actos de vandalismo. Pero mientras charla con los j√≥venes holgazanes en la plaza del pueblo, nos damos cuenta de que no tienen la mente de otros espigadores, y en sus mentes se ven a s√≠ mismos como sali√©ndose con la suya, en lugar de ejercer un derecho. Se han convertido en criminales, mientras que la ley francesa considera la espiga como una profesi√≥n √ļtil.

El verdadero espigador, a los ojos de Varda, es un poco noble, un poco idealista, un poco terco y profundamente ahorrativo. Conocemos a un hombre que recolecta para sus comidas y para encontrar art√≠culos que pueda vender, y lo seguimos a un refugio para personas sin hogar en los suburbios, donde durante a√Īos ha ense√Īado literatura todas las noches. Miramos por encima de los hombros de √©l y sus compa√Īeros mientras encuentran tomates perfectamente frescos que quedaron despu√©s de un mercado de agricultores. Varda y su director de fotograf√≠a encuentran un reloj sin manecillas, sin valor, hasta que lo coloca entre dos gatos de piedra en su casa, y revela una sorprendente sencillez de forma.

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