Un muro en Jerusalén (1973) reseña

Frédéric Rossif y Albert Knobler, que comparten el mérito del director, son habituales en este tipo de películas. Rossif, en particular, estå familiarizado con los archivos europeos de metraje documental, y sus créditos incluyen una película de 1961 sobre guetos europeos, «La caída de Berlín» (1965) y su obra mås conocida, «Dying in Madrid», que fue nominada para un Premio de la Academia al Mejor Documental de 1963.

El conocimiento de las imĂĄgenes disponibles es esencial si planea hacer una pelĂ­cula como «Un muro en JerusalĂ©n». Miles de pelĂ­culas estĂĄn almacenadas en algĂșn lugar, para que el historiador tenga la suerte de poder encontrarlas, y Rossif nos ofrece minas de oro de metraje documental pionero de los primeros dĂ­as del sionismo.

Estå Theodore Herzl, el periodista que defendió por primera vez un estado judío separado en el momento del asunto Dreyfus. Estå el viejo emperador redondo y arqueado del Imperio Otomano, que recibe a los visitantes militares con un deleite casi infantil. Hay viejas imågenes de judíos piadosos en el Muro Occidental de Jerusalén, y la pompa y circunstancia de las diversas presencias britånicas en la zona.

Y estĂĄ el lado humano: los primeros colonos irrigando el desierto, compartiendo cenas en sus kibbutzim y viendo una grotesca actuaciĂłn de vodevil en yiddish. El joven David Ben-Gurion se presenta, fogoso y confiado, y reaparece mucho mĂĄs tarde como un estadista de alto nivel. Rossif pone el contexto de la Ă©poca (como si todos pudieran olvidar) con material de la Alemania nazi y el gueto de Varsovia.

Su pelĂ­cula es descaradamente pro-Israel, pero no sin algĂșn intento de decirle a ambas partes (la narrativa se refiere a los campos de refugiados palestinos como «la mala conciencia de Israel»). Si hay un villano en la obra, aparte, por supuesto, los nazis, es la polĂ­tica exterior britĂĄnica entre el momento en que Balfour reconociĂł la necesidad de un estado judĂ­o autĂłnomo y el momento en que los britĂĄnicos se unieron a los ĂĄrabes como aliados. . Algunas de las imĂĄgenes mĂĄs convincentes de la pelĂ­cula son las de los barcos de refugiados que llevaron a los sobrevivientes de los campos de exterminio nazis a Israel, solo para ser rechazados por un bloqueo naval britĂĄnico. La pelĂ­cula fue escrita por el novelista Joseph Kessel y narrada por un Richard Burton maravillosamente inamovible. No cuenta toda la historia de la formaciĂłn del Estado de Israel, ÂżquĂ© pelĂ­cula podrĂ­a hacerlo? – pero sus imĂĄgenes nos dicen mucho sobre las emociones, creencias y sueños que estaban detrĂĄs de ella. Al final, cuando el victorioso general Moshe Dayan escribe su esperanza en una hoja de papel y la coloca en un nicho recuperado del Muro Occidental, su mensaje es breve: «Paz».

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