Que de Series Peliculas Una mujer es una mujer (1964) reseña de la película

Una mujer es una mujer (1964) reseña de la película

Angela RĂ©camier es su nombre, y Jean-Claude Brialy interpreta a Emile RĂ©camier, pero la pelĂ­cula sugiere fuertemente que no estĂĄn casados. Emile tampoco quiere un hijo, a pesar de que su amigo Alfred Lubitsch (Jean-Paul Belmondo) estarĂ­a feliz de dejarla embarazada. Nombrar al personaje de Belmondo en honor a Lubitsch es una de las innumerables bromas cinematogrĂĄficas de la pelĂ­cula; Incluso hay un momento en el que Belmondo se cruza con Jeanne Moreau y le pregunta: «¿CĂłmo estĂĄs ‘Jules et Jim’? Y otro donde sonrĂ­e ampliamente a la cĂĄmara, como homenaje tanto a Burt Lancaster como al hecho de que hizo lo mismo en «Breathless». La pelĂ­cula, que se anuncia como un homenaje de Godard al musical de Hollywood, no es un musical, y de hecho trata la mĂșsica con cierto desprecio, llenando la banda sonora con breves estallidos de mĂșsica que suenan como una mĂșsica de pelĂ­cula tradicional, pero luego interrumpiĂ©ndolas arbitrariamente. . Contiene otros momentos que pretenden sugerir al director llamar la atenciĂłn sobre su dominio de sus materiales, incluido el dispositivo que consiste en hacer que la misma pareja se bese en una alcoba de la calle plano tras plano.

Sin embargo, hay una secuencia que muestra el dominio de la tĂ©cnica por Godard y su editora, AgnĂšs Guillemot. A Angela se le muestra una foto que, segĂșn Alfred, muestra a Emile engañåndola con otra mujer. Mientras estudia la foto, la pelĂ­cula cambia de su rostro a su rostro y luego a la foto, y luego una y otra vez. A veces hay un pequeño diĂĄlogo. La foto sigue apareciendo en la pantalla. El efecto es sugerir cĂłmo se obsesiona con la imagen hiriente y no puede evitar pensar en ella, y como una evocaciĂłn visual de los celos, es bastante brillante.

Pero la pelĂ­cula en sĂ­, con 84 minutos, es demasiado larga, un capĂ­tulo menor en el comienzo de una carrera. Ha sido cuidadosamente restaurado para esta reediciĂłn teatral, y la impresiĂłn presenta la cinematografĂ­a de pantalla grande de Raoul Coutard, y aquĂ­ vemos opciones estilĂ­sticas que se volverĂĄn omnipresentes en pelĂ­culas futuras: pantalla, uso de colores bĂĄsicos atrevidos y el uso de libros como objetos que encarnan sus tĂ­tulos (en un momento lindo, Angela y Emile no hablan y llevan libros con tĂ­tulos que dicen lo que quieren decir). La pelĂ­cula es brillante y viva, pero demasiado preciosa, y Godard pronto harĂ­a otras mucho mejores.

Ebert escribe sobre «Breathless» y «My Life to Live» en línea en la serie Great Movies en www.suntimes.com/ebert.

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