Que de Series Peliculas Visiones de ocho (1973) crítica de la película

Visiones de ocho (1973) crítica de la película

Hay otros peque√Īos detalles que hacen que valga la pena ver la pel√≠cula. En el segmento de Claude Lelouch sobre perdedores, por ejemplo, hay una asombrosa demostraci√≥n de mala deportividad de un boxeador derrotado que se niega a abandonar el ring. Durante tres o cuatro minutos tomados en una sola toma, expresa su desprecio por la decisi√≥n y su indignaci√≥n hacia la multitud (que lo abuchea generosamente).

Tambi√©n existe otro tipo de p√©rdida. En el segmento de Mai Zetterling, vemos a un levantador de pesas enorme mientras gira nerviosamente las pesas, y casi podemos saborear su aprensi√≥n. Hemos visto a otros concursantes levantar esta barra (que se necesitan cinco hombres para cargarla desde el escenario), y sabemos lo pesada que es. √Čl tambi√©n. Camina por el escenario, respirando profundamente, tratando de meterse en el ascensor. Se acerca a la barra, la agarra y retrocede. C√≠rculos de nuevo. Con solo mirarlo sentimos que no puede levantarlo. Se acerca de nuevo a la barra, se levanta, hace que despegue un pie del suelo, luego la rechaza con disgusto y abandona el escenario. En un momento como este, comenzamos a comprender algo de las dificultades del levantador de pesas.

El centro inmóvil y magnífico de la película está ocupado por la gimnasta soviética de Tawny Ludmilla Tourischeva. Ella está en el segmento de Michael Pfleghar sobre mujeres en los Juegos Olímpicos, y él nos muestra toda su rutina en las barras asimétricas. Es un ejercicio de gracia hecho posible a través de excelentes habilidades atléticas, y sabiamente se niega a trucarlo con cortes o cámara lenta. (Por supuesto, como regla general, la belleza de los eventos olímpicos es que tienen lugar en tiempo real; ralentizar la gimnasia de Tourischeva habría perdido el sentido).

El segmento m√°s exitoso fue liderado por John Schlesinger, quien ve la carrera de marat√≥n de veintis√©is millas desde la perspectiva de uno de los competidores brit√°nicos. Vemos al corredor en su casa en el norte de Inglaterra levant√°ndose cada ma√Īana para correr diez millas hacia y desde el trabajo. Algunos d√≠as llega a casa para almorzar. El s√°bado, hace un curso completo de marat√≥n. Realmente sentimos la soledad del corredor de larga distancia al verlo correr por las l√ļgubres carreteras rurales en una ma√Īana nublada.

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